Había una vez un chico nuevo en mi salón de 8º grado. Bueno, en realidad eran dos chicos nuevos; pero eran totalmente opuestos. Uno hablaba hasta por los codos, y a pesar de ser nuevo, ya el primer día de clase, todos nos sabíamos su nombre; ayudaba el hecho de ser primo de uno de los más sociables del salón, así que para el no hubo ese incómodo estado de "nuevo".
Sin embargo, estaba el otro chico nuevo, y cuando digo que eran totalmente opuestos, es por que lo eran. Este chico no hablaba, aunque le preguntaras algo directamente solo respondía con muecas y señas. Por alguna extraña razón, mis amigas de aquel entonces (a las cuales debo agradecer mi constante repudio a las amistades femeninas), lo consideraron lindo y se dedicaron a acosarlo. Le preguntaban sobre cualquier cosa, cada vez que lo veían era una especie de interrogatorio; mientras más pasaba, más me aburría, así que empecé a responder las preguntas por él, después le preguntaba si era eso lo que quería decir y él solo asentía y me miraba como diciendo "¿Cómo demonios sabes?". La verdad no lo sé, simplemente lo sabía, se me hacía fácil entenderlo y ya.
Eso fue cuando teníamos trece años y estudiamos juntos hasta graduarnos a los diecisiete. Pero yo estudié en una escuela técnica, uno de esos lugares en donde estudias un año más y en vez de salir de bachiller sales de Técnico Medio. Mi sección y mi grupo de amigos (ya no le hablaba a las mismas chicas), se separaron; nos veíamos, pero no teníamos clases juntos. La única persona relativamente cercana que estudiaba conmigo era el chico súper callado, quién no era el más dispuesto a socializar con nuestros nuevos compañeros; y yo, bueno, no me confiaba de los demás, así que, desde ese año siempre estábamos juntos.
Todo esto era como el dibujo animado del sapo que canta y hace todo un show pero que cuando el dueño quiere mostrarlo no hace nada; SC (Súper Callado, solo para acortarlo), hablaba un montón de cosas conmigo, cosas estúpidas, chistosas, absurdas, y demás; sin embargo, apenas se acercaba alguien, él se callaba. Ahora que lo pienso, creo que puedo entender como nos pudo haber visto el resto del mundo. Si yo hubiese visto a dos personas juntas todo el día, una que no habla y otra que se ríe de todo, probablemente hubiese pensado que ambas estaban locas. Genial, tengo que agradecerle SC por haberme hecho quedar como demente por años.
A pesar de mi extraña o lógica forma de ver las cosas, nuestros compañeros siempre pensaron que éramos novios o algo por el estilo; mis amigos y profesores también llegaron a decirlo. ¡Incluso mi mamá lo dijo alguna vez! Y para mí es imposible recordar cuántas veces lo negué; era más que obvio que no teníamos algo, de hecho era impensable... Pero la verdad últimamente no sé que he estado pensando.
Mm suena bien. Yo intentaría quedar con el parecéis complementarios.
ResponderEliminarLa verdad, eso es lo que no sé :/
Eliminar