sábado, 12 de enero de 2013

Libertad

Ayer salí temprano de la universidad y mientras regresaba a mi casa, entre colas en el autobús, iba viendo por la ventana a un chico que iba en bicicleta. Hace años que yo no me monto en una bicicleta, pero ver a ese chico me hizo recordar como me hacía sentir.

Cuándo estoy triste o desesperada, el alivio más inmediato es llorar o gritar, pero son acciones un poco llamativas, así que generalmente camino. De hecho, camino más rápido cuando me siento así, como si quisiera dejar atrás mis problemas; cuando era más pequeña pasaba igual con andar en bicicleta.

Luego me dí cuenta que no eran un simple consuelo, me sentía libre. Andar tan rápido en bicicleta que todo a mi alrededor se borre, caminar distraída, gritar hasta que no quede aire en mis pulmones, flotar boca abajo en el agua hasta que mi cuerpo siente alivio al volver a respirar, correr por diversión, escribir, son actos que me hacen sentir realmente libre, en esos momentos no importa nada, estoy bien. Claro, hay sólo una cosa más que me libera de la misma manera, pero es algo que intento olvidar.

La verdad es que ya no sé andar en bicicleta, sé que dicen que es algo que no se olvida, pero las últimas veces que lo intenté no salió muy bien, sin embargo, estoy pensando volver a aprender, aunque duelan las caídas; eso, o sacar buenas notas este semestre para que me dé tiempo de practicar Taekwondo, jamás lo he practicado, pero si quiero que este año sea diferente debo hacer cosas nuevas, ¿no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario