Es increíble como un simple olor puede hacerme recordar y sentir tantas cosas.
Uno de mis amigos, cuando estábamos en bachillerato, usaba una colonia de olor dulce sin empalagar ni dejar de ser masculina, y me hace recordar el frío que hacía estando hasta tarde en el liceo; la brisa siempre me despeina, pero la brisa de las cinco de la tarde de esos años siempre será diferente. Esa colonia me recuerda los días en los que, aunque no tuviese clases, esperaba horas y horas sentada en el piso del patio (ensuciando el uniforme), viendo a mis amigos jugar fútbol, para después irnos caminando (quién sabe cuantos kilómetros), mientras hacíamos estupideces.
Recuerdo como mis amigos me daban la mano para cruzar las calles, por miedo a que me atropellaran (creo que piensan que tengo 5 años); como siempre terminábamos sentados en el mismo pasillo del liceo, hablando de cosas sin importancia y escuchando música; como a las seis de la tarde nos corría siempre el mismo profesor (seguro que nos extraño cuando nos graduamos); como sabían que quería estar sola o necesitaba un abrazo; como hacían cosas ridículas, algunas veces solo para hacerme reír; la forma en la que me abrazaban y me levantaban del piso aunque supiesen que no me gustaba, ellos por alguna razón (no sé si logro describirlo con todo esto), me hacen sentir segura, es por eso que más que mis amigos son mis hermanos. Siempre quise un hermano mayor y cada uno de ellos lo es a su manera; si lograra juntarlos todos en una sola persona, serían el hermano mayor más perfecto en todo el universo.
Hoy alguien en el transporte de la universidad tenía esa colonia y sin siquiera hablarme me sentí nostálgica, segura y preparada para salir bien en mi examen de hoy. Me di cuenta de que en ese tiempo fui feliz. No feliz de tipo "feliz sin problemas de depresión", sino del tipo "feliz porque no importa si me siento mal, ellos harán algo y lo olvidaré".
Mi amigo de la colonia me llamó esta semana (ya no usa esa colonia) y me dijo que me extraña y esta cansado de los hipócritas de la uni. La verdad no me alegra que se sienta mal, pero me siento mejor al saber que no soy la única del grupo que se siente así. Ok, no todas las personas a las que trato en la universidad son hipócritas, algunas hasta me caen bien, pero nunca superaran a mis hermanos (hasta mis padres los quieren), no importa que nuestras universidades apenas nos dejen tiempo para vernos, cada vez que nos reunimos es como si nada hubiese cambiado. ¡Los extraño!
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