lunes, 9 de septiembre de 2013

Había una vez...

... Una niña que estaba muy feliz con su semestre, le iba muy bien y estaba segura de que pasaría todas sus materias. Pero como nada es perfecto, unos malvados profesores decidieron ir a paro para exigir un aumento de sueldo, haciendo que la pobre niña perdiera su semestre.

Sin embargo, la niña esperaba aprovechar el tiempo y ponerse a trabajar en alguna tienda o algo... Y de nuevo, otra cosa nada linda, pasó. ¡Apendicitis! Así que la niña no podía trabajar y no le quedaba más que estarse encerrada sin hacer nada. Fin.

Y bueno, esa es la versión corta de mi desaparición. Ya estoy bien, casi, faltan apenas unos días y ya son dos meses de mi operación. En mi facultad hacen curso de avance y nivelación en verano, por lo que no voy a perder todo el tiempo, al menos estoy sacando una materia que pensé sería fastidiosa, pero resulta que la amo. Es Dibujo Técnico, tal vez debería cambiarme a Ing. Civil... Ok, no, en realidad no me gusta tanto como para dejar Telecomunicaciones.

En fin, este par de meses he estado relativamente bien, pero hace casi una semana que ando desanimada. Feliz con la uni, cierto, pero con muchas ganas de llorar por estupideces. Nada importante... Hasta que se siente que la tristeza sentida se materializa.

Hoy he sido robada. Sin celular ni calculadora. ¡Una Ingeniero sin calculadora! Como una modelo sin dientes. El punto es que aunque también son cosas estúpidas, siento que ya tengo algo real por lo que llorar. Algo material, tangible y papable, superficial y humano, que me deprime.